miércoles, 5 de julio de 2017

Amadas Hijas: Mamá no es suficiente




Amadas Hijas,

Voy a ser muy honesta.

A veces me descubro a mí misma pensando en cómo sería mi vida si no fuera mamá. Los planes que haría, la plata de sobra que tendría, las horas de sueño ganadas, el orden y el silencio cotidianos que se roba la maternidad.

Sé que no soy la única mamá que lo hace, y sé también que después de semejante pensamiento vienen toneladas de angustia y culpa que ahogan esta mente divagante para abrir espacio a ideas más correctas: ser mamá es difícil, pero vale la pena; no hay nada mejor en el mundo; cuando abrazas a tus hijos sabes que cualquier esfuerzo se recompensa.

Amadas hijas,

Estoy siendo honesta, así que no voy a diluir la culpa y la angustia con frases más cómodas.

Ustedes son seres maravillosos y lo que sea que me pase a mí no tiene que ver con ustedes.
Tiene más que ver creo yo, con el modelo social y familiar que tenemos. Con la misma idea de maternidad.

La idea de Madre. La que sostiene, cuida, ama, está disponible, es cariñosa y amorosa, enseña, guía, orienta, corrige, acompaña, sana, alimenta, se entrega, es generosa, incondicional, escucha, intuye, se vincula, está presente. La que es responsable de sus hijos y si falta el padre, cumple también su rol.
Quizá pueda tener ayuda. Solo ayuda. Pero a fin de cuentas tiene que hacerse cargo de sus propios hijos. Toda una sociedad se encargará de recordárselo.
Porque los niños necesitan a su madre (y los adultos también)

A mi todo esto me parece un montón y muchas veces no doy a basto. 
No tengo suficiente energía, ni ganas. Me pregunto si es que acaso no tengo lo que se necesita para ser mamá. Tal vez soy egoísta, o poco femenina, o tenga algún desorden emocional que me bloquea este flujo natural. Me lo he preguntado varias veces cuando me siento exhausta y de todas maneras hay pijamas que poner, comida que servir, cuentos que leer, historias que oír y solo fantaseo con llegar a mi cama en silencio.  O cuando estoy feliz en mi trabajo, o cuando salgo sola con papá de viaje.
Yo soy de esas mamás que tienen ayuda, y eso sin duda facilita las cosas. Pero amadas hijas, la ayuda no quita culpas, ni aleja esas voces que todo el tiempo me dicen que debería pasar más tiempo con ustedes.


Amadas Hijas,

Quiero decirles hoy que mamá no es suficiente. 
Yo no soy suficiente. 
No hay ninguna posibilidad de que yo pueda darles todo lo que necesitan o de que esté suficientemente presente.

No fui suficiente cuando nacieron y no tuve la dilatación suficiente, ni la leche suficiente, ni la paciencia, ni la calma, ni la energía, ni la disponibilidad suficientes para satisfacer todas y cada una de sus necesidades.

Ni lo he sido cada vez que las grito, me impaciento, me desespero, escucho a medias y me distraigo.

No soy suficiente para darles entornos más sanos, sin tanta tv, sin tanta azúcar y comida chatarra, o para acompañar sus torbellinos emocionales en plena disponibilidad. Para cuidarles enfermedades y pesadillas, sacarles todos los papeles, llevarlas de vacaciones, y estar pendiente de cada cosa que pasa en mi ausencia.

No soy suficiente para ir a cada reunión del colegio, estar al día en los correos, llevarlas a cada piñata adecuadamente vestidas y con el regalo apropiado, ir al pediatra, tradicional y alternativo, cortarles el pelo y las uñas y estar al día en la talla de ropa que cambia cada mes.

No soy suficiente para hacer esto mientras trabajo para conseguir la plata que les de oportunidades, y me hago cargo de mí misma para no pasarles mis traumas y carencias.

Ni tampoco para hacerme la boba y pretender que puedo dejar de ver lo que veo diariamente con personas que no han tenido “suficiente mamá”.

No soy suficiente porque nadie lo es. Y pretender serlo me tiene a mi, y sé que a muchas otras mujeres, extenuada en todas los niveles posibles.

Pretender que una sola mujer sea la representación de Arquetipo de Madre completo, es insensato. La Madre no tendría porque ser la madre.
Nacemos e inmediatamente experimentamos la separación y luego la idea de carencia. Idea que se reitera permanentemente en un paradigma que sigue insistiendo en que una relación humana puede tener semejante alcance.

Amadas Hijas,

Hoy no tengo ni idea de que significa ser madre, porque la idea que hay me asfixia demasiado. No creo en ella. No me parece justa, ni conmigo, ni con mi mamá, ni con ninguna mamá del mundo.
Es más no me parece justa con ningún ser humano. 
Porque limitarnos a que un ser humano sea tan importante, esencial e irremplazable, es una carga para cualquiera.

No sé que piensan, pero la idea de que su plenitud dependa en gran parte de que yo haga bien mi trabajo no es muy alentador para ustedes.  Ni tampoco que el resto de su vida se trate de sanar, reparar mis errores y obtener eso que yo no pude darles.

Además todas las mujeres somos diferentes, y queremos vidas diferentes. No tiene tanto sentido tampoco que solo las mujeres que puedan y quieran cumplir con todos esos requisitos sean mamás. Entre otras cosas porque quedar embarazado no es tan difícil. Así que muchos niños nacen de mamás que no lo han planeado o que no quieren tener el trabajo de mamás.

Qué complicado ¿no?

¿Si la manera de venir al mundo es a través de una mamá, no debería ser un poco más sencillo?

Eso me lo pregunto todo el tiempo, Eloísa y Matilde.


Amadas Hijas,

No entiendo nada esto de la maternidad, pero ustedes ya saben que no entiendo en general muchas cosas del mundo.

Es verdad que a veces no quiero ser mamá y que me imagino como sería mi vida sin ustedes.
Sería otra sin duda. No creo que mejor, ni peor.

El caso es que acá estamos juntas en esto. Juntas con papá, y supongo que ya se imaginarán que tampoco entiendo mucho de la paternidad. 
También estamos con los abuelos y las abuelas, y los tíos y las tías, y Yaz, y las primas, y Lucy y Oli, y los amigos adultos, como ustedes les llaman. Estamos con sus profesores y guías Montessori, y con los porteros, y los médicos y terapeutas, y los vecinos.
Con tantas personas que han estado, las que están y las que estarán.

Yo no soy suficiente y honestamente no creo que se suponga que lo sea. No tengo tan claro que es lo que si se supone que sea, ni tampoco sé quién lo sabe.

Cuando más puedo saberlo es cuando oímos el corazón. No es fácil poner palabras a lo que dice el corazón, pero me parece que lo que dice es que desde que llegaron a mi vida me ha sido más fácil oírlo. Quizá ese es el sentido de ser su mamá. Abrir el corazón. Sentirlo en el contacto con ustedes, y romper todos los escudos que tiene cada vez que me encuentro con un mundo que no me hace sentido.


Amadas Hijas,

Ese es un bonito cuento para imaginar. Su llegada no me deja escaparme. Me hace ir una y otra vez al corazón. Me hace darme cuenta de que no estoy sola, no solo por todas esas personas que las aman a ustedes, sino por eso que sentimos que a veces llamamos Dios. Su presencia me amplia, me rompe esquemas, me abre completamente al misterio y la magia de la vida. Me deja ver lo pretencioso que es decir que son mías. Me muestra contundentemente la ilusión del control y el absurdo de pretender entender con la mente la inmensidad.

No sé que es ser mamá, y a veces no me importa tanto. Cuando me rindo en la presencia pura, el nombre se desvanece y somos eso que no se puede nombrar.


Y eso, amadas hijas, es mucho más que suficiente. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Dzogchen

Sus palabras van taladrando mi mente, abriendo espacio.
Son palabras cuya música llega directo al corazón. Palabras que colorean. Derriten la solidez de lo que creo tan real. Palabras que no hace falta comprender. Sólo recibir en la apertura de la no-meditacion.
Me confrontan con tantas ideas que me han servido de apoyo. Me muestran lo inútil de mi búsqueda incansable.
Peleo internamente tratando de hacer encajar esas palabras en mis esquemas. 
Hasta que es inevitable rendirme ante la belleza de esos sonidos que van suavizando la rigidez.
Son enseñanzas que no se aprenden. Se experimentan.
Así que experimento la espaciosidad. Las conexiones entre todos y todo. El holograma que va cambiando al ritmo de una mente que se relaja. Se alterna con la angustia de intentar poseer este estado y volverlo permanente.
Es magia sin duda. Magia y misterio. Impensable. Incomprensible. Orgasmos cósmicos. Poesía.
Presencia pura.
Y es aceptación de la dualidad que se despliega en esta espaciosidad.
Renunciando a huir. A veces.
Porque no hay a donde ir.
Son palabras que abren puertas a destellos de la existencia más pura. Destellos que no se olvidan. Que catalizan la sabiduría. Por instantes Ya no hay adentro ni hay afuera. Instantes que recuerdan la ilusión del tiempo.
Y la delicia de la ilusión de un tiempo que me permite experimentar estos sentidos y ser la consciencia misma.
El erotismo de la vida.
Gracias Juan Sebastián Restrepo por tus palabras generosas en ese espacio sagrado que nos compartes

viernes, 16 de junio de 2017

Dragón

No hay texto alternativo automático disponible.
Ahí en la oscura cueva, estaba el dragón
A veces dormido, a veces atado luchando por escapar.
Tantas veces rechazado, temido, ignorado.
El dragón con tan mala fama.
Lo encontré y luché contra él. Le temí. Lo culpé. Intenté ignorarlo. Otras veces encerrarlo.
Hasta que lo miré de frente. Renuncié a dominarlo o eliminarlo.
Lo monte temblando de miedo
Sentí su fuerza, su ira, su pasión, sus celos, su envidia, sus instintos y sus impulsos, su hambre, sus gruñidos
Su dolor.
El dolor del encierro y del rechazo.
De las alas apelmazadas y el fuego apagado
Del cuerpo entumecido y pesado. De los intentos fallidos y la piel mohoseada en aquellas agua estancadas.
Lo acaricié. Lo abracé. Lloré en su lomo.
Me presenté ante él y poco a poco al abrir mi corazón el también me abrió el suyo.
Entonces se reveló la puerta y el dragón me guío hasta el tesoro oculto en la cueva.
El dragón y yo fuimos uno frente a la luz del tesoro escondido. La llave emergió del corazón ya abierto.
Abrimos el cofre de la intuición, la fuerza, la creatividad, la energía sexual, la vitalidad. Salió el fuego, se abrieron las alas, y se liberaron los rugidos imponentes que dan color a la voz.
Dejé de temerle y lo amé. Nos amamos.
Nos reconocimos.
Desde entonces viajamos juntos.
En las profundidades de la cueva, en las verdes montañas, en la.inmensidad del océano y en lo alto de los cielos.

martes, 23 de mayo de 2017

Salir del escondite








Ahí parada en el escenario, intentando mantenerme firme sobre unos tacones que solo salen a la luz un par de veces al año, siento el rápido latido del corazón y a mi lado escucho la voz de una mujer que me llama experta.

Estoy frente a un público borroso, algunas caras conocidas, algunas que echo de menos y algunas sillas vacías que por fortuna para mi catastrófica anticipación, son pocas.

Es el punto cumbre de una semana de nervios desbordados. “No es para tanto”, me juzgué varias veces en el proceso.

Y lo era.

Lo era porque más que una charla, esa puesta en escena fue una muerte más. La muerte de una identidad que se desvanece con la contundencia de la presencia pura.

Estar en un escenario con luces, cámaras y micrófono es ser visible sin posibilidad de esconderse. La voz llega a todos los rincones, mi cuerpo queda expuesto y documentado en todos los ángulos posibles, y mi conocimiento sujeto a evaluaciones y opiniones variadas. Cualquier error tiene testigos y gracias a la tecnología, testigos perpetuos.

Mi imagen corre peligro.
En mi mente revolotean todas las posibilidades de fracaso: las miradas burlonas, las críticas y decepciones, las caídas vergonzosas, los bloqueos angustiosos, el sudor y el enrojecimiento, el olvido, la torpeza, la falta de coherencia.
Pero quizá esta es la parte fácil. Porque se soluciona con un llanto de derrota y la excusa de volver a una cueva que me ha protegido. Poderme escudar en el“esto no es para mí”, y volver a la comodidad de la invisibilidad en donde me siento a salvo.

Ahí en la tarima sé que el gran reto no es atravesar los 45 minutos de angustia, dando conocimiento respaldado por grandes autores y diciendo frases suficientemente seguras para complacer al público y hacer bien la tarea. Demostrar la expertiz que anunció la presentadora.

El gran reto es ser yo. El de la charla y el de la vida.

Soltar los libretos, las estrategias, la inteligencia, la teoría, los libros, las estadísticas, lo comprobado y lo ensayado. 

Así que temblando de miedo, sé que ya no tengo más opción que entregarme.

En ese momento frente a todos sé que no está saliendo perfecto. Veo algunas personas salir y siento el apretón de la angustia del evidente fracaso. Por momentos escaneo caras en búsqueda de señales de aprobación, e inmediatamente siento el impacto de esto en mis palabras. Vuelvo a la presentación buscando guía y encuentro unas letras borrosas.

La vida es una constante improvisación, aprendí alguna vez en clase de teatro. Porque los planes se derrumban ante la contundencia de la realidad. Y la improvisación no es más que la acción que nace espontáneamente de la presencia.

Los guiones empiezan a enredarse en la cabeza, quedo por instantes, que probablemente nadie nota, completamente desnuda. Presente. En blanco. En el espacio perfecto para la improvisación. Estoy hablando del amor y soy amor. Amo ese momento en el que puedo compartirme con personas dispuestas. Amo esa oportunidad de expandirme, de dejar caer falsas seguridades y poder contar a otros que todos estamos en las mismas. Poder mostrarme sin esconderme más sin esperar a hacerlo perfectamente. Siento mi corazón abierto y tengo la certeza de que a nadie le importa mi perfección. Solo soy un instante en su vida y no soy tan importante. Muchas de mis palabras irán al olvido. Nada es permanente.

Sí, es posible que estén las críticas, los juicios y los halagos, la envidia, la desaprobación, las proyecciones y las expectativas junto con las exigencias y las decepciones. Es posible que en la visibilidad incomode, sea reflejo para otros, acaben algunas relaciones, me enfrente al rechazo y la burla. Claro que mi imagen corre peligro, junto con mi identidad y mi burda concepción de éxito y reconocimiento.

Pero ese instante en el que me atrevo a ser, puede ser el instante en que otros reconozcan quienes son. Ese instante en que permito que el amor se manifieste en mi torpeza, en mi miedo, en mi experiencia, en mis palabras, en mi duda, en mi valentía, en mis historias.

Ese es un instante que puede hacer recordar a otros el amor que son. Un instante que puede inspirar a otros, y que puede invitarles, a dejarse morir para Ser.
Sin duda para mi es un instante de liberación, gozo, amor y plenitud.

Dejo de esconderme porque no hay nada que esconder. Dejo de protegerme porque no hay nada que proteger.

Lo que no muere es lo que soy. Y si muere todo, es porque ya es hora.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Nada que esconder

¿Qué pasaría
...si oyeran todas nuestras conversaciones privadas?
... si leyeran nuestros chats?
... si nuestras paredes fueran transparentes?
... si viviéramos con una cámara permanentemente?
...si existiera la telepatía?
...si nuestro mundo interior se proyectara afuera?
¿Que pasaría si nuestra privacidad no lo fuera?
¿Qué parte de nosotros quedaría expuesta?
Saldrían a la luz secretos, vergüenzas, perversiones, odios, dolores, deseos, juicios, envidias, chismes, halagos
Todo lo prohibido y censurado,
¿Podríamos acaso sobrevivir como sociedad?
Si fuéramos completamente transparentes
¿Seguiríamos amando como decimos que lo hacemos?
En un principio quizá viviríamos el caos.
El dolor. La indignación. La decepción. El señalamiento. El asombro.
Nos costaría creer todo lo que se asoma. Nos ahogaríamos al descubrir nuestra mentira, nuestra hipocresía, nuestra crueldad, nuestro veneno, nuestros disfraces,
tantas fachadas, tantas máscaras.
No soportaríamos tanta honestidad. Saber tanto de nosotros a través de los demás. Quedar al descubierto sin tener donde escondernos. Incluso de nosotros mismos.
Tal vez por eso existe ese límite. Entre lo privado y lo público.
Aún no estamos listos para descubrirnos del todo.
Ver la sombra sin tapujos, aceptándonos y amándonos completos. Arriesgándonos a ser todo lo que somos.
Necesitamos los personajes. Un poco o un mucho de mentira que nos proteja.
O eso creemos.
Porque finalmente en este juego dual,
lo que no reconocemos en nosotros, aparece enfrente.
Pero empiezan a caer los velos.
Las redes no dan tregua.
La tecnología se mete por todos los rincones.
Parece ser que no es cuestión de estar listos o no.
La autenticidad llama a la puerta.
La verdad se asoma a la fuerza
Sí. Al principio sería insoportable.
Pero
¿Cuánta energía invertida en esta censura y represión?
¿Cuánto esfuerzo en ocultarnos y negar eso que tanto nos cuesta reconocer y aceptar?
¿Cuál es el costo de proteger nuestra intimidad?
¿Cuánto poder, luz y fuerza escondidos en el miedo a la exposición, juicio, burla y señalamiento?
Estemos listos o no,
Hay una voz que emerge con un volumen creciente
Es la voz de la sombra que a gritos nos cuenta,
que entre más la ignoremos, vendrá con más fuerza.
Sepamos que el amor y la compasión, si es que hay alguna diferencia, no discriminan.
y los limites son imaginarios.
No hay nada que esconder, porque todos somos lo mismo.

Vacío

En el vacío,
en la ausencia total de referentes,
renunciando a mi adicción por explicaciones reconfortantes,
Soltando una y otra vez apoyos que nos son más que espejismos.
Frente a frente a la ilusión de un control que supuestamente me ha traído hasta acá
Navegando en tantas experiencias que las palabras no alcanzan a contener.
En el vacío,
Se desvanecen los supuestos,
los pasos a seguir,
las respuestas prefabricadas,
las fórmulas exitosas,
los conocimientos comprobados
La mente se disuelve a pesar de su lucha
El marco se amplía tanto que estalla en mil pedazos.
En el vacío de la presencia pura,
Soy y no soy. Todo al mismo tiempo.
Es el universo de las infinitas posibilidades
De la creación sin límites
De la espontaneidad
De la certeza
La confianza
El Amor
Y de tanto más allá de las palabras.
Así de simple.
Rendirse y descansar en ese simple reconocimiento.
Una y otra vez.

Terapia Infantil

Me parece que los niños llegan a terapia a traer a sus mamás y papás.
A mostrarles eso que no han podido ver de si mismos y de sus entornos por si solos.
Ellos, aunque no de manera consciente y aunque no lo puedan poner en palabras, perciben lo invisible.
Para mi las sesiones no son para analizar e interpretar conductas incómodas buscando culpables y señalando crianzas insuficientes o niños inadecuados.
Tampoco llenar vacíos de niños con "padres equivocados"
Patologizar niños para aliviar sistemas educativos y familiares oxidados
Para mi las sesiones, que honestamente ya ni me atrevo a llamar psicologicas, se tratan de explorar juntos esos mensajes ocultos que los niños nos ponen sin tapujos a través de sus dibujos, juegos, conductas, miradas, movimientos, silencios, posturas.
Se tratan más de nombrar lo innombrable. De develar la sombra que tiene tantos tesoros.
De abrir caminos al corazón endurecido, los poderes olvidados, los sueños enterrados, los seres ocultos entre tantas capas de historias y deberías.
Papás y mamás no necesitamos que nos digan que lo estamos haciendo mal. (Con nuestra voz interna permanente tenemos)
Ni una lista de instrucciones que no funcionarán.
No necesitamos otra voz de otro experto más, que nos llene de palabras que nuestra mente intenta entender y que ahí se quedan alimentando aún más el agotamiento.
Los niños no necesitan aliados que den más fuerza a traumas que determinado contexto decide que lo son.
Ni tampoco sesiones tras sesiones de alguien que intente arreglarlos o hacerlos más funcionales y adaptables a una forma de vida con la que nadie se siente pleno.
Tampoco necesitan de un terapeuta que llene los supuestos vacíos que tienen, para sentirse mejor consigo mismo al salvar la niñez de futuros catastróficos y un mundo en decadencia.
Creo que no hay nada que arreglar en una terapia. Es si acaso una oportunidad para reconocernos por lo que somos y despertarnos a la vida con todos los colores.
Los niños llegan a terapia para sacudirnos a todos del letargo y evitarse a ellos mismos caer en el.

Mentiras

Después de algunos discursos sobre la importancia de la verdad, unos cuantos intentos de "acá nos quedamos hasta que digan la verdad", varios señalamientos de la obviedad de la evidencia, y el uso de algunos recursos como, " entiendo que les de miedo que las castiguemos",
Paré por un momento. Dejé de buscar un resultado para sentir que estaba educando correctamente y finalmente surgió un
Saben ? Yo también digo mentiras a veces.
Unos ojos inmensos hicieron contacto sorprendidos.
Me da miedo que dejen de quererme. Me siento avergonzada. No me gusta equivocarme. No quiero que me señalen o quedarme sola.
En serio mamá?
Si. Y nosotros las amamamos. Aunque no puedan decir la verdad a veces. Aunque se equivoquen. Aunque las regañemos y nos pongamos bravos. Amamos todo de ustedes. Hasta sus mentiras.
... si. Nosotras lo hicimos.
La magia de reconocer en nosotros lo que tanto rechazamos de otros.

martes, 11 de abril de 2017

Amadas Hijas, mamá y papá a veces peleamos






Amadas hijas,

A veces en medio de una pelea ustedes vienen a decirnos: ya no peleen más.
Otras veces, aunque no digan nada, sé que están tristes o tienen miedo porque han oído voces fuertes o caras de disgusto.
También han sido testigo de lágrimas y discusiones. Silencios prolongados y momentos incómodos que arruinan momentos de diversión.

Amadas hijas,

Esto pasa y seguirá pasando. Así como sé que seguirán peleando entre ustedes, con sus amigos y con nosotros.
Porque pelear es parte de la vida.
Peleamos por muchas razones: porque no estamos de acuerdo con otros, porque queremos algo que no tenemos, porque sentimos rabia o dolor por lo que el otro hizo, porque nos dicen algo que no nos gusta (aunque a veces sea verdad)

En algún momento, amadas hijas, habría querido proponerme no pelear más. Decirles que entre menos peleas mejor están las relaciones.
Hoy creo que las peleas son importantes. Nos ayudan a conocernos y a evolucionar. A expresar nuestras emociones, decir nuestras opiniones y ser auténticos. Es decir, ser sin fingir otra cosa.

Esto es muy liberador.

Amadas Hijas,

Papá y mamá peleamos, y no nos escondemos para hacerlo. Algunas conversaciones son de adultos y no necesitan oírlas, así que las cuidamos de ello. Pero no les evitamos saber que peleamos, y tratamos de contarles lo que pasa.

Sé que no les gusta. En parte porque temen que eso significa que ya no nos amemos.
Ya otras veces les he dicho que el amor no se acaba nunca.
Incluso si en algún momento decidimos que ya no queremos vivir más juntos. Esto puede pasar, si es que algún día descubrimos que ambos queremos cosas diferentes. 
Aún entonces amadas hijas, nos seguiremos amando. Porque amor somos.

Ustedes también pueden elegir vivir en otro lugar, o decidir tener otras amigas. Tendrán muchas relaciones que se acaben, o que cambien y sean diferentes después de un tiempo.  Esa es la gran riqueza de la vida. 
Todas las posibilidades que tenemos.

En todo caso papá y mamá siempre seremos su papá y su mamá. Nuestra relación de pareja es una relación del hombre y la mujer que somos. Son dos cosas diferentes, aunque sean relaciones con las mismas personas. 

Por ahora, hemos elegido ser pareja, vivir juntos y compartir el espacio. Nos encanta. Y justamente las peleas nos han permitido hacer ajustes para que podamos seguir haciéndolo.
Las peleas también nos han ayudado a abrir cada vez más el corazón y hacer que nuestra relación sea más fuerte e incondicional.  A darnos cuenta de que no estamos juntos porque no tengamos más opción, sino porque en este momento es lo que más queremos.

Es verdad, amadas hijas, que las peleas a veces pueden hacer daño.
Algunas peleas son violentas y lastiman el cuerpo y el corazón.
Por eso nosotros intentamos ser cuidadosos y respetuosos, aún en las más intensas peleas.
Poder expresar nuestros sentimientos más difíciles sin hacer daño y si es que algo de eso hay, saber reparar.
Cuando nos hemos calmado paramos y reconocemos que se nos ha olvidado el amor y buscamos el camino de regreso.

Amadas hijas,

Somos humanos y no tenemos todas las respuestas. Nos equivocamos, y muchas veces para aprender tenemos que probar una y otra vez caminos dolorosos.
No pretendemos evitarlo. Ni evitárselos a ustedes.
Si acaso tenemos alguna pretensión, es la de amarlas, amarnos y aceptarnos incondicionalmente.

En nuestra humanidad y nuestra divinidad.

Amadas hijas,


Seguiremos peleando porque seguiremos viviendo la vida con toda su grandeza. Con todos sus colores, sabores, olores, sonidos y matices. Creando y experimentando juntos la inmensidad de nuestro encuentro aquí y ahora.

jueves, 9 de febrero de 2017

Amadas Hijas: El amor no se busca




Amadas Hijas,


Las personas pasamos una gran parte de la vida buscando amor.
Queremos que nos amen porque eso nos hace sentir bien. Hacemos todo lo que sea necesario para que nos quieran, porque de lo contrario nos sentimos muy solos y tristes.


Necesitamos amor para vivir.
Algo así como las plantas, que necesitan agua. Ustedes han visto cómo se marchitan cuando  se nos olvida regarlas.
Las personas sentimos que nos marchitamos cuando no nos aman.


Por esta razón evitamos a toda costa quedarnos sin amor. Buscamos agradar a los demás para que se queden cerquita, así esto signifique hacer cosas que no queremos. Como cuando ustedes acceden a jugar algo que no quieren para no perder a sus amigos.


Aprendemos toda clase de artimañas que vamos probando a ver cuál nos funciona. Darle al otro algo que quiere, como por ejemplo prestarle nuestro juguete favorito; o decirle cosas lindas para que quiera ser nuestro amigo; así no pensemos eso de él. También podemos portarnos muy bien para que no se ponga bravo con nosotros y no hacer nada que no le guste aunque nosotros tengamos muchas ganas. A veces hasta nos portamos mal para que nos nos ignoren, porque sabemos que al menos así, nos tendrán que mirar.


Muchas cosas, amadas hijas, hacemos y dejamos de hacer para no sentirnos marchitados como esa planta sin agua.


El problema es que eso recibimos no es exactamente amor. Es aprobación, reconocimiento, compañia, protección, seguridad y tantas otras cosas que quizá también necesitamos.
Pero no es amor.
Empezamos a creer que el amor solo lo recibimos bajo ciertas condiciones y entonces dejamos de ser lo que somos de verdad, y empezamos a comportarnos según lo que resulta cómodo y conveniente para las personas que están cerca.  

Eso amadas hijas, es una gran pérdida.


Poco a poco vamos olvidando quienes somos realmente y nos pasamos la vida consiguiendo amor a cualquier precio.
Imagínense que están en un parque con mucha, mucha sed y el agua que venden cuesta más que todos sus juguetes, y además les piden que para dárselas no pueden volver a bailar, o montar en patineta, ni ver tv, ni comer chocolate. Pueden tener el agua sólo si se quedan sentadas, diciendo solo lo que les digan. Pero como tienen tanta tanta sed, ustedes dicen que sí.


Amadas hijas,
hacemos esto todo el tiempo.
¡Renunciamos a tantas cosas para conseguir amor!


Sin embargo no nos damos cuenta de que el verdadero amor realmente está dentro de nosotros.


Es cómo si tuviéramos una gran fuente de agua adentro, de la que siempre siempre podemos tomar y nunca se acaba.
¡Así que  no tenemos que buscarla en ninguna parte!
Nuestra fuente de amor interior es infinita.


Se nos olvidó que tenemos esta fuente, cuando éramos muy pequeños.
No sé muy bien por qué, Eloísa y Matilde.
Al parecer todos lo olvidamos y eso para mi no tiene mucho sentido.
En todo caso, recordarlo se ha vuelto el juego que a mí más me gusta. Aunque a veces sea difícil y tenga que pasar por muchos niveles y ganarle a monstruos de miles de cabezas.  Tal como en sus videojuegos.


El secreto es que es bastante fácil acceder a esa gran fuente. Lo difícil es encontrar el camino, que ni siquiera es un solo camino.


¿Y saben cómo saben que están ahí?
Cuando lo sienten.
Es eso que sienten cuando juegan, bailan, se ríen sin parar. Cuando hacen algo que les hace olvidar el tiempo, cuando visitamos el mar y nos quedamos sintiendo las olas, o cuando miramos las estrellas. Esa sensación de tener el universo por dentro, que nos produce ganas de abrazar, dar besos, cantar y saltar.


Es tan inmenso, que queremos sentirlo siempre. El error es que creemos que los demás nos dan amor, pero no es así.
Lo que pasa en realidad es que cuando alguien ama, se hacen unas ondas, como las que salen cuando tiramos una piedrita al agua. Estas ondas hacen que el amor de otros hagan ondas también. El amor de cada uno activa el amor de los demás. El espacio se llena de ondas. Esto es muy poderoso y mágico.


Amadas Hijas,
Somos amor. Es asi de simple.
Así que no es que demos y recibamos amor, como un intercambio. Amar mas bien es Ser amor, simplemente dándonos cuenta de que lo somos y activando esas ondas que se unen a las de los otros infinitamente.
Por eso nos sentimos amados cuando estamos con otros. La presencia de otros engrandece nuestro amor, hasta que nos damos cuenta que todos y todo es amor y que no hay manera de no serlo. Solo podemos contraer o expandir estas ondas.
No podemos marchitarnos. Nunca vamos a estar solos.
A veces creemos que si, porque el miedo y muchas otras emociones  crean muros alrededor de nuestra fuente interior. Esa es la verdadera soledad. Cuando nuestra fuente de amor está encerrada, no la sentimos nosotros, ni los que están alrededor.


Esto no está mal. Es parte de ser humanos.  Las emociones crean esos muros pero también nos dan pistas para derribarlos. Es toda una aventura. Como un misterio a resolver.


Cuando resolvemos este misterio, ya no buscamos afuera, ni usamos nuestras artimañas para agradar o para que los demás se queden.

Somos amor y ya. Esto nos permite Ser lo  que verdaderamente Somos porque no tenemos miedo de quedarnos solos.
Podemos amar incondicionalmente, que significa amar porque sí, pase lo que pase, hagan lo que hagan los demás, porque entendemos que el amor nunca se acaba. Sabemos desde lo más profundo que está siempre disponible y nos olvidamos del engaño de que el amor es una transacción.


Amadas hijas,
Ustedes tendrán que resolver su propio misterio. Encontrar el camino a su fuente.
Estas letras serán un recordatorio para cuando se sientan perdidas. Seguramente ustedes mismas me las leerán a mi  cuando yo me pierda. Es parte de la existencia.

Este es el juego que elegimos jugar: Recordar que somos Amor.

jueves, 12 de enero de 2017

Confía

Confía
No porque todo este saliendo como lo planeaste
O porque tengas todo lo que crees necesitar.
Confía
Trascendiendo los seguros, promesas y contratos 
Soltando el control que minimice los imprevistos y las sorpresas
Confía
Aún cuando estés en el ojo del huracán
O en la noche oscura
En donde nada parece tener sentido
Y la luz brille por su ausencia
Confía
Aunque tu mundo parezca de cabeza
Y no haya un norte visible
Te sientas decepcionado, herido o engañado
O la inseguridad haya llegado a instalarse en ti
Confia
Porque la confianza es un estado de tu ser.
No es una idea de tu ego
La confianza surge de tu profundidad
En ese vacío en donde el vértigo te inunda
Tus apoyos externos se deshacen
Tu fe arraigada a falsas figuras muere
Tus apegos se van de tu alcance
Y esa identidad que crees tan real se descascara y te quedas desnudo
Entonces ya no confías
Eres confianza
Y eres la certeza que desde tu más profunda naturaleza y perfección, todo es perfecto.
Así tu mente insista en lo contrario
Así tu ego te de la batalla aferrándose para evitar su inevitable muerte.
Confía.
Que eres confianza que se manifiesta cuando renuncias a ideas fijas de éxito y logros, de control, a todas las lógicas aprendidas e irrefutables y a tantas creencias que llevas tatuadas que te impiden saberte amor y abundancia sólo por el hecho de existir.